Llega ese momento en el que tras
la desesperación te das cuenta de que lo único que tienes que hacer es recoger “la
bandera”, tu bandera, tu identidad, aquella que en un momento dejaste tirada y
que con el paso del tiempo el polvo cubrió.
Rescatada, ella te indica cual es su lugar, no te preocupes del rumbo, ella lo pone, y cuando se vuelva a caer el viento la levantará haciendo que llegue más lejos, más y más
lejos, solo tienes que desenterrarla y darle libertad, nunca intentes llevarla tú, ya que eso te hará cagarla, y volver a que poco a poco se
entierre, simplemente déjate llevar por ella, así nunca tendrás ese
remordimiento de lo correcto de los actos, simplemente fluirá todo.
El rencor, la enemistad, la desunión,
la soledad, son los granitos de arena que no la dejan salir y disfrutar de la
brisa, y son esos granitos los que hay que apartar para poderla coger, solo
en ese momento encontraras quien eres y a donde quieres llegar, marcándote nuevos
objetivos. No nos engañemos, no alcanzaras la eterna felicidad, eso se deja
para el tonto que lo crea, la felicidad es efímera en cada momento, y no
tendría ningún valor si fuese eterna o comprable a los momentos malos, así que
nunca tendrás eterna felicidad, pero si tendrás algo de más valor, la sensación
de saber lo que puedes hacer y hasta donde puedes llegar, ya que eso solo
puedes marcarlo tú, perdón, tu no, tu personalidad, tu identidad, tu vida, si,
aquella que digo que dejes volar “la bandera”, tu bandera.

